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El arte de estar cuerdo


 Extracto de Una realidad aparte” de Carlos Castañeda

‑ ¿Para qué le das tan duro? ‑dijo de pronto don Juan‑. ¿Cuántos años llevas diciendo que ya no quieres aprender?
‑Tres.
‑ ¿Y por qué tanta vehemencia?
‑Siente que lo estoy traicionando a usted, don Juan. Creo que ese es el motivo de que siempre hable de eso.
‑No me estás traicionando.
‑Le fallé. Me corrí. Me siento derrotado.
‑Haces lo que puedes. Además, todavía no estás de­rrotado. Lo que tengo que enseñarte es muy difícil. A mí, por ejemplo, me resultó quizá más duro que a ti.
‑Pero usted siguió adelante, don Juan. Mi caso es distinto. Yo dejé todo, y no he venido a verlo por deseos de aprender, sino a pedirle que me aclarara un punto en mi trabajo.

Don Juan me miró un momento y luego apartó los ojos.

‑Deberías dejar que el humo te guiara otra vez ‑dijo con energía.
‑No, don Juan. No puedo volver a usar su humo. Creo que ya me agoté.
‑Ni siquiera has comenzado.
‑Tengo demasiado miedo.
-Conque tienes miedo. No hay nada de nuevo en tener miedo. No pienses en tu miedo. ¡Piensa en las maravillas de ver!
‑Quisiera sinceramente poder pensar en esas maravillas, pero no puedo. Cuando pienso en su humo siento que una especie de oscuridad me cae encima. Es como si ya no hubiera gente en el mundo, nadie con quien contar. Su humo me ha enseñado soledad sin fin, don Juan.
‑Eso no es cierto. Aquí estoy yo, por ejemplo. El humo es mi aliado y yo no siento esa soledad.
‑Pero usted es distinto; usted conquistó su miedo.

Don Juan me dio suaves palmadas en el hombro.

‑Tú no tienes miedo ‑dijo con dulzura. En su voz había una extraña acusación.
‑ ¿Estoy mintiendo acerca de mi miedo, don Juan?
‑No me interesan las mentiras ‑dijo, severo‑. Me interesa otra cosa. La razón de que no quieras aprender no es que tengas miedo. Es otra cosa.

Lo insté con vehemencia a decirme qué cosa era. Se lo supliqué, pero él no dijo nada; sólo meneó la cabeza como negándose a creer que yo no lo supiera.

Le dije que tal vez la inercia era lo que me impedía aprender. Quiso saber el significado de la palabra "iner­cia". Leí en mi diccionario: "La tendencia de los cuerpos en reposo a permanecer en reposo, o de los cuerpos en mo­vimiento a seguir moviéndose en la misma dirección, mien­tras no sean afectados por alguna fuerza exterior."

‑"Mientras no sean afectados por alguna fuerza exterior" ‑repitió‑. Esa es la mejor palabra que has hallado. Ya te lo he dicho, sólo a un chiflado se le ocurriría em­prender por cuenta propia la tarea de hacerse hombre de conocimiento. A un cuerdo hay que hacerle una artimaña para que la emprenda.

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Me gustó esta parte especialmente. Es decir, no te cuestionas tu mundo, ni desafías por qué conceptos te guías para verlo, hasta que te pasa algo. Es la destrucción del ego o es el cambio natural que haces al cambiar de vida. Normalmente las crisis las desembocan, las producen, te obligan a ello.
Cuando todo en lo que creías como fijo e inmutable se derrumba tu mente vuelve a colocar piezas para formarse otra visión estable de cómo son las cosas y cómo eres. El proceso es doloroso y terrorífico a un nivel emocional, y más cuando no es paulatino. 

Esas son las artimañas: los baches del camino, oportunidades de cambio. Porque nadie quiere dejar la seguridad de su mundo construido alrededor suyo. ¡Así que ríe y bendice los cambios!

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